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La nueva ciudad de Belén. ¿El paraíso prometido?

Actualizado: 23 ago 2021


(Nueva Ciudad de Belén, 2020)


Hace aproximadamente un mes, el Gobierno Regional de Loreto publicó en sus redes sociales el apoyo realizado a los pobladores del “A.H. Varillalito” con un camión cisterna de agua potable ya que no cuentan con ese servicio. Esta situación es real en un gran sector de la ciudad debido a su ocupación informal y a la falta de infraestructura. Sin embargo, este asentamiento humano ubicado a 12 km. al sur del centro de Iquitos, no es otro que el proyecto estatal “Nueva Ciudad de Belén”, aquel “paraíso prometido” por el gobierno central para reubicar a 2,600 familias de la zona baja del emblemático barrio de Belén sobre el río Itaya, debido a su alta condición de vulnerabilidad. Dicho proyecto se inició el año 2,016 y no tiene cuando acabar.

La situación descrita nos obliga a revisar nuevamente el proceso de reasentamiento de los moradores de este sector de Belén hacia Varillalito tomando en cuenta dos principales consideraciones:

La primera tiene que ver con la recurrente lentitud del estado peruano para atender los problemas de la población. En casi cuatro años solo se han trasladado cerca de 400 familias, en un proyecto que fue considerado de urgencia dadas las condiciones de riesgo no mitigable según la ley que enmarca el proceso (Ley N° 30291-2014) (1).

El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento es el encargado de habilitar urbanísticamente el terreno designado y dotarlo de servicios y viviendas previo al traslado de la población; ello en la lógica que primero se debe urbanizar para luego habitar.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. Las 400 viviendas construidas y entregadas en dos etapas (diciembre del 2016 (2) y setiembre del 2018 (3)), se encuentran en un terreno no habilitado para ello. Solo se han realizado algunas obras como la planta de tratamiento de agua potable y la planta de tratamiento de aguas residuales, ambas con inadecuado o nulo funcionamiento, un colegio y una posta médica en módulos temporales y alguna que otra área deportiva. Veredas, pistas, parques y el equipamiento restante, aún están a la espera.

Ante esta situación, cabría preguntarnos si los niveles de vulnerabilidad social y económica sumado a las carencias urbanísticas no son similares entre la vieja y la nueva ciudad de Belén.

La segunda consideración es reflexionar sobre el impacto económico y social de la “reubicación” en la vida de las personas, cuando está se da por razones de riesgos naturales que implica desplazarse a una nueva locación lejos del lugar de origen descontándolos de sus centros laborales y sociales.

En el caso específico de Belén, el proyecto se inició sin la validación de la población, sin un entendimiento de sus modos de vida, ni de las dinámicas territoriales, sociales, económicas, culturales y ambientales de la zona. Se impuso una propuesta de urbanización planteada desde Lima, (capital del Perú, en la costa y a 1007 kilómetros de Iquitos) desfasada en el tiempo, con patrones homogéneos de asentamiento que difieren de las lógicas amazónicas y con una propuesta de vivienda no adaptada al clima y a los modos de habitar del poblador local.

No se midió el impacto negativo que supondría el desarraigar a la población de Belén de su conexión con el bosque, la chacra y el mercado, como principales fuentes de trabajo. Además, cabe mencionar la importancia de lo que significa para ellos vivir en una zona servida y beneficiada por su proximidad con la zona céntrica de la ciudad (Canziani, 2019) (4).

El Ministerio de Vivienda, con la imposición del proyecto para la nueva ciudad de Belén, que fue avalado por las autoridades locales de esa época, ha desconocido el modelo de ciudad propuesto en el Plan de desarrollo urbano sostenible de Iquitos, siendo que es el propio ministerio el ente que norma y promueve la planificación urbana en el país.

Por ello es necesario, asumir el gran desafío de plantear soluciones innovadoras para los aproximadamente 90,000 pobladores asentados en el cinturón inundable que rodea Iquitos, partiendo de la premisa que no existe una forma única de entender la vida y el hábitat, y que mejorar la calidad de vida de sus habitantes pasa por respetar y entender los modos de ser y habitar. Esto, con el propósito de lograr verdaderamente ciudades y comunidades saludables, inclusivas, resilientes, seguras y, sobre todo, amazónicas.


Publicado en Urbanistas el 24 de agosto del 2020

 
 
 

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