Pasemos de construir pistas a mejorar barrios.
- Gabriela Vildósola

- 14 dic 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 23 ago 2021
Sector de Munich – Iquitos
En los últimos meses hemos sido testigos del inicio de varias obras de reasfaltado y pavimentación de algunas calles o sectores de Iquitos a cargo del Gobierno Regional de Loreto o las municipalidades que conforman la ciudad. Según lo indicado por estas instituciones en sus redes sociales, las obras incluyen, además, veredas, conexiones de agua y desagüe y áreas verdes, en un intento por mejorar la ciudad, pero ciertamente el objetivo central es hacer pistas, entendiendo a la calle principalmente como una vía de circulación de vehículos motorizados, lo que se evidencia al concluir y entregar las obras.
Para muchas personas las obras están bien y son necesarias, las calles en algunos casos se encuentran deterioradas y en otros son de tierra. Algunos critican que abunda el concreto o asfalto con poca o nula área verde, lo que dependerá del ancho de la vía; y algunos más critican que el proyecto de reasfaltado no incluye el arreglo de veredas que están en igual o peores condiciones o, si las incluyen, estás son muy angostas, puesto que nuevamente dependerá del ancho de la vía. Esto sucede porque se piensa y se diseña la calle como un espacio de tránsito de vehículos motorizados destinando para ello, más del 75% del ancho de la vía con una clara priorización de este medio de transporte por sobre las personas y sus diferentes modos de usar el principal espacio público de la ciudad.
Así mismo, sabiendo que en la ciudad ocurren todos los días accidentes de tránsito, muchos de ellos de gravedad o fatales, debido a la alta velocidad o por falta de cruces peatonales adecuados (y no digo puentes “anti” peatonales); el diseño de las calles sigue siendo el mismo desde hace décadas, sin una clara preocupación por las personas y su seguridad. Existen zonas en donde, incluso, es casi imposible cruzar caminando porque, además, los semáforos no considerar el tiempo necesario para que una persona con dificultad motora pueda hacerlo de manera segura. Si a esto le sumamos la falta de conciencia y respeto por las normas de tránsito y por la vida de los peatones, el problema se agrava. Para solucionar el problema de tráfico y seguridad en las calles no necesitamos construir más pistas ni mucho menos aumentar más carriles, necesitamos mejorar el diseño de estas y priorizar a los peatones por encima de todo.
Es común ver a niños jugando en las calles cuando estas aún son de tierra - incluso adultos - porque sienten mayor seguridad debido a que los motorizados evitan usarlas prefiriendo transitar por las que están pavimentadas; y en caso de usarlas, la velocidad con la que transitan es mucho menor. Esto cambia radicalmente cuando llegan las obras al barrio. Se construyen las pistas con veredas de 1.20 m. o menos y si alcanza, se construyen algunas áreas verdes. Por ello, paradójicamente, los niños ya no tienen donde jugar: se incrementa - o mejora - el espacio para la circulación de vehículos motorizados y, automáticamente, la circulación de estos se da con mayor frecuencia. Esto sumado a que no se construyen o generan otros espacios públicos para los niños o para actividades distintas al transitar. Esto se llama demanda inducida, a más – o mejores. carriles para vehículos, más tráfico. Esta manera de diseñar y construir la calle ha sido ampliamente descartada en muchas ciudades alrededor del mundo porque no funciona para mejorar su calidad urbana. Un dato más, estas calles se vuelven mucho más ruidosas que antes, porque, como ya sabemos, los vehículos vienen con “yapa”.
Resolver este problema pasa primero por comprender que las calle es el principal espacio público de las ciudades y que las personas tienen prioridad en él por sobre los vehículos motorizados. Con este cambio de enfoque se considerará que las personas puedan moverse de muchas maneras (a pie, bicicleta, transporte público, motocarros, motos), y que la calle no solo sirve para circular y conectar un lugar con otro, sino y sobre todo sirve para hacer vida urbana, ir al mercado, al colegio, a la bodega, jugar con los amigos del barrio, reunirse, conversar entre vecinos, etc.
Estos aspectos deberían ser incorporados en proyectos de mejoramiento integral de los barrios, cuyas calles se tendrían que jerarquizar dependiendo de su uso, la función que cumplen, el equipamiento al que sirven y la opinión de los vecinos que son los actores principales, a través de procesos de participación ciudadana. Algunas calles podrán ser vías vehiculares principalmente (sin dejar de considerar veredas con anchos mayores a 2 m.), otras semi peatonales, otras con ciclovías y otras exclusivamente peatonales, considerando, además, los espacios para el juego y recreación con el mobiliario y la iluminación necesarios. Todas con árboles, prioritariamente nativos, para brindar sombra, reducir la temperatura, mejorar la calidad del aire y enriquecer la calidad del lugar.
Lo indicado permitirá contar con espacios públicos de calidad, más seguros, accesibles, saludables e inclusivos que impacten positivamente en la calidad de vida de los vecinos logrando una ciudad más humana. Ello no demandará mayor presupuesto sino y sobre todo una mayor optimización de los recursos del Estado mejorando barrios en vez de construir solo pistas.
Publicado en Diario la Región el 14 diciembre 2020 y en Periódico Luz Verde de Loreto






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